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El rastro de “El Chapo” en Latinoamérica

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El narcotraficante mexicano Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, consolidó en el siglo XXI la presencia y penetración en América Latina del “Cártel de Sinaloa”, una de las más poderosas mafias de México del contrabando internacional de drogas y de las más variadas modalidades de narcoactividad.
La incursión hemisférica criminal de Guzmán abarcó la compra en aldeas guatemaltecas de amapola, materia prima para la producción de heroína en laboratorios clandestinos ubicados en ambos lados de la frontera entre México y Guatemala; el alquiler de residencias y pistas de aviación en Costa Rica para almacenar droga y reexportarla a EU, y operaciones para adquirir cocaína en el límite de Ecuador y Colombia.
Autoridades antidrogas de EU reconfirmaron que cárteles hondureños como “Los Cachiros” o “Los del Valle” se aliaron con Guzmán para recibir cargamentos marítimos y terrestres de cocaína en el sector nororiental de la costa de Honduras, sobre el mar Caribe, y trasladarlos por tierra a Guatemala y México. Las ramificaciones de Guzmán y su cártel también fueron detectadas en Nicaragua, El Salvador, Perú, Panamá y Argentina, entre otras naciones.
La Dirección Antinarcóticos de la Policía Nacional de Colombia confirmó a EL UNIVERSAL que en un intenso y constante operativo para traficar drogas de América del Sur a EU, el “Cártel de Sinaloa” se convirtió en el principal enlace del narcotraficante e insurgente ecuatoriano Wálter Patricio Artízala Vernaza “Guacho”, acusado de asesinar en abril pasado a un equipo periodístico del diario “El Comercio”, de Ecuador.
“Guacho” es disidente de la ex guerrilla comunista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), opera en la frontera colombo-ecuatoriana y dirige el Frente Oliver Sinisterra, grupo armado organizado residual.
El nexo de la mafia de Sinaloa y “Guacho”, excluido de las FARC porque en 2017 rechazó desmovilizarse, desarmarse y plegarse al proceso de paz en desarrollo, persiste actualmente como uno de los negocios criminales de mayor actividad en el suroccidente de Colombia y el noroccidente de Ecuador. La Dirección admitió que, de los cárteles mexicanos, el de Sinaloa es el que más narcoactividad realiza en esas zonas.
Los denunciados ligámenes prolongaron los vínculos que la poderosa narcomafia mexicana sostuvo durante mucho tiempo con las FARC. Los lazos fueron expuestos en un informe sobre narcotráfico difundido en marzo anterior por la Universidad del Rosario, uno de los más importantes centros privados de educación superior de Colombia, y por Insight Crime, ente no estatal de Bogotá que indaga sobre la delincuencia organizada transnacional.
El estudio reconfirmó que los mexicanos fueron clientes compradores de cocaína de las FARC, que se alzó en armas desde 1964 hasta que en noviembre de 2016 firmaron un pacto de paz con el gobierno colombiano con la promesa de retirarse de la narcoactividad y que en el segundo semestre de 2017 pasó a ser partido político legal.
Los reportes sobre la presencia física de Guzmán en Centroamérica son variados. “El Chapo” fue detenido el 9 de junio de 1993 en Guatemala, tras una estadía en El Salvador y entregado a México por autoridades militares guatemaltecas, según los recuentos oficiales.
Tras su fuga de una cárcel de México en enero de 2001, por Centroamérica circularon versiones sobre la asistencia de “El Chapo” a fiestas y a negociaciones de compra y venta de estupefacientes en Honduras.